lunes, 1 de junio de 2009

UN POEMA DE JAIME SABINES

LOS AMOROSOS



Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

UN POEMA DE byron espinoza








No me pregunten

(Les juro
No sabría explicarlo)

El amor muere en manos de alguien

Un hombre atraviesa la noche

Ya no importa la cantidad de alcohol
Ni tabaco
Bombeando en su sangre

Dudas decapitan su alma

¿A quién explicarle
La necesidad de romper distancias?

¿A quién decirle que también nos morimos de a poco
Y antes de tiempo?

¿Y que los ojos también se saturan?

No respiren
No pierdan el tiempo
En insignificancias

El amor se muere en el pecho de alguien

Un hombre sube a un taxi
Y en su silencio de días
Atraviesa la noche.

UN POEMA DE JUAN GELMAN





GOTÁN


Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

viernes, 29 de mayo de 2009

UN POEMA DE byron espinoza





Hasta hoy
Mis manos
Nunca hicieron otra cosa

Caer...

Y ustedes
Que lo vieron todo
No fueron capaces de juntarlas

Aun así
Y a pesar de tanto
Con los muñones
Sangrando todavía
Pude arrebatárselas a los perros
Colocarlas
En su lugar
Nuevamente
Para que
(Sobre este suelo de vidrio constante...)
Siguieran cayendo.

jueves, 7 de mayo de 2009

UN POEMA DE byron espinoza


Cuando el viento se llena de cuchillos
y los huesos
se lamen desde afuera
las persianas de cada palabra
caen pesadamente
sobre la vulnerabilidad del oído.

Después vienen las historias
y el aumento del dolor
que
(sin conocer la verdad de su origen)
se adentra
hasta romper
todas las cercas.

Cuando el silencio aumenta su intensidad
(hasta conseguir
convertirse
en una voz distinta)
los huracanes encuentran
su nido a lo largo del cuerpo
y las eternidades de amor
se disuelven
con la sola intención de cerrar los ojos
y hacer a un lado
la posible continuidad de su futuro.

Después
los escombros vuelven a juntarse
para crear sombras
y reinar entre los bosques
donde la luz deja su sitio
a otras manos
y nuevos intentos de títere
las gobiernan.

Cuando el aire se llena de martillos
(definitivamente)
es absurdo respirarse.

miércoles, 6 de mayo de 2009

UN POEMA DE OLGA OROZCO

AUNQUE SE BORREN TODOS NUESTROS RASTROS...




Aunque se borren todos nuestros rastros igual que las bujías en el amanecer
y no puedas recordar hacia atrás, como la Reina Blanca, déjame en el aire la sonrisa.
Tal vez seas ahora tan inmensa como todos mis muertos
y cubras con tu piel noche tras noche la desbordada noche del adiós:
un ojo en Achernar, el otro en Sirio,
las orejas pegadas al muro ensordecedor de otros planetas,
tu inabarcable cuerpo sumergido en su hirviente ablución, en su Jordán de estrellas.
Tal vez sea imposible mi cabeza, ni un vacío mi voz,
algo menos que harapos de un idioma irrisorio mis palabras.
Pero déjame en el aire la sonrisa:
la leve vibración que azogue un trozo de este cristal de ausencia,
la pequeña vigilia tatuada en llama viva en un rincón,
una tierna señal que horade una por una las hojas de este duro calendario de nieve.
Déjame tu sonrisa a manera de perpetua guardiana, Berenice.

martes, 5 de mayo de 2009

Un poema de CORTÁZAR




A UNA MUJER

No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón,
no hay que estar triste
si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo inmóvil,
ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,
constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo
-pero por qué nombrar el polvo y la ceniza.
Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día
era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta hundirse en la tierra.

Sólo dura la efímero, esa estúpida planta que ignora la tortuga,
esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos huecos,
y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin grito de agonía,
las torres del maíz, los ciegos montes.
Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,
no nos movemos del terror y la delicia,
y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados
para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del balcón,
cómo corren las nubes al futuro.

¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.
No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel
que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de creer
que se nace o se muere,
cuando lo único real es el hueco que queda en el papel,
el golem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.